En el instante más chocante de esta cinta, el desesperado jefe de bomberos Martínez (Yul Vázquez) explica derrotado que están intentando salvar las vidas que pueden, termina, pero se regresa al micrófono para soltar que cada año hay más incendios, y que somos unos estúpidos por permitirlo, la cámara gira de inmediato al ñacañezco CEO de la compañía eléctrica causante del incendio, y no porque haya fallado su infraestructura por falta de mantenimiento, sino por todas las desastrosasdecisiones capitalistas que tomaron sin que les importara un cacahuate las vidas humanas; no cortar la electricidad cuando se advirtió del peligro por los vientos desde un día antes, decidir no cortarla aún con el incendio porque no querían dejar de generar capital, y finalmente que cuando quisieron actuar no pudieron debido a que los cortes son automáticos por sistema y fallaron, es decir, por ahorrarse sueldos causaron muertes, es un momento encabronante, porque esta temática sigue sucediendo cada día en todas las empresas.
Justo en ese momento, como el derrotado Ramírez, uno quiere entrar a la pantalla y agarrar a golpes a ese monstruo, esto se vuelve más doloroso al saber lo poco que pagaron comparado con lo que ganan, dejando claro que como Dupont, no les importa pagar cientos o miles de millones de dólares, lo ganan en días, estos detalles los pone Greengrass para dejarnos pensando ¿por que aceptamos este sistema? Por fortuna para nosotros el director y guionista no se queda en esa idea todo el tiempo, ya que lo que más le interesa es mostrar a este héroe cotidiano qué surge justo cuando se le necesita, el apesadumbrado Kevin (Matthew McConaughey), un conductor de autobús que regresó a ese pueblo después de la muerte de su distanciado padre, para cuidar a su madre enferma (Sherry McConaughey, madre real de Matthew) y a su hijo Shaun (su hijo Levi McConaughey) después de separarse de su mujer, el problema es que apenas puede con todo, cuidar a su mamá, lidiar con su rebelde hijo adolescente, sufrir por su perro enfermo de cáncer, y acumular deudas mientras no le dan dobles turnos porque es nuevo en el empleó.
El 8 de noviembre se le junta todo, el día fatídico, su hijo con fiebre, la presión del trabajo, la falta de dinero, los reclamos de su ex, un error en su empleo al no cargar gasolina, y el mantenimiento pendiente, en tanto un incendio se desata con el primer rayo de sol, y aunque alguien lo nota de inmediato, los bomberos no pueden llegar a el, cuando se dan cuenta se ha expandido tanto que parece imparable y a velocidad de crucero, con mucho viento y las líneas eléctricas avivando todo. Las alertas municipales fallan, los cuerpos de rescate son rebasados, y muchos padres no pueden ir por sus hijos debido a que trabajan fuera, es ahí cuando Kevin toma la decisión, irá por ellos, por esos 22 niños abandonados, y con ello tendrá la responsabilidad de salvarlos sin nada a cambio, solo porque es lo correcto, es así que él, junto a la maestra Mary (América Ferrera) hacen hasta lo imposible por salvarlos en medio del incendio más devastador en California.
El director filma con su brío acostumbrado esta historia real, con ese nerviosismo qué solo él puede lograr, manteniéndonos en tensión en todo momento mientras sufrimos junto a los protagonistas, con un manejo de ritmo vertiginoso qué de alguna manera se logra mantener hasta el final del filme, y una edición cuidada, mención especial para los efectos especiales y prácticos, que convencen a uno de estar viendo un incendio, al grado de sentir desesperación, claustrofobia y hasta algo de asfixia, y por supuesto, el buen hacer de Matthew, que con poco transmite muchísimo. Es cierto, quizá no está al nivel de otras cintas de Greengrass, pero no le hace falta, es una de las mejores cintas de desastres naturales en muchísimo tiempo, y además le da visibilidad a esos héroes que dieron todo por luchar contra el incendio, y a las víctimas que fueron parte crucial para salvar a los demás, al final esos son los verdaderos héroes, el que se mete a un incendio a salvar gente en su camioneta, al conductor que se quema por salvar niños, al bombero que pasa por un despeñadero para poder hacer algo, y no en esos buitres ricachones qué venden una fantasía a costa de vidas y sufrimiento.
Calificación: Bien




