"FUE SOLO UN ACCIDENTE" ("YEK TASADOF-E SADEH", IRAN - FRANCIA - LUXEMBURGO - ESTADOS UNIDOS, 2025) DE JAFAR PANAHI
"Fue solo un accidente" dice una mujer embarazada después de que su marido Rashid (Ebrahim Azizi, muy bien) atropello a un perro que aparentemente se lanzó contra el automóvil en medio de la noche, en una carretera a oscuras sin iluminación alguna, la mujer reitera que sucedió porque Diosasí lo quiso, acto seguido, la niña argumenta que Dios no tuvo nada que ver con matar a ese perro, pero su madre insiste en que todo sucede por algo, en eso el automóvil se avería, y todo lo que hemos escuchado y visto en esta toma inicial ininterrumpida de más de cinco minutos acompañará el sentido de la historia, una trama que nos hace cuestionar en todo momento las imposibilidades del mundo, los sistemas de gobiernos, la valía de la rebelión, dilemas morales, e incluso los "accidentes" como el que da inicio a la trama que se desenvuelve como fichas de domino cayendo, ya que este suceso desencadena todos los demás de alguna manera.
Rashid baja a pedir señales para llegar a un taller, y es ayudado por un buen samaritano que repara el carro, por lo menos para que lleguen a su casa, su colega Vahid (sorprendente Vahid Mobasseri) platica con su madre por teléfono, pero algo llama su atención, al grado de que evita que la familia en problemas lo vea, y cuando le llaman se jala la boca para modificar su voz, a partir de este momento Vahid sigue de forma obsesiva a la familia despertando nuestra curiosidad. Vahid llega al grado de casi atropellarlo en las calles de Teherán, y termina secuestrándolo para enterrarlo vivo en el desierto a las afueras de la ciudad, ahí Vahid por fin le confiesa que es lo que sucede, lo ha reconocido como Eghbal "pata de palo", un sádico torturador del régimen iraní, y Vahid fue una de sus víctimas, destruyendo su vida para siempre, al grado de que el dolor de espalda no lo deja en paz ni un solo momento, Vahid es claro, supo quien era por el sonido de la prótesis en su pierna - ese chirrido que lo persigue en todo momento -, nunca olvidara ese sonido, ya que en todo momento estuvo vendado, es lo único que le puede dar una pista sobre quien es, y el recuerdo de su voz.
Pero el padre de familia jura y perjura que esta equivocado, que no sabe nada del tema, que es alguien más, una persona distinta, y que acaba de perder la pierna en un accidente, Vahid empieza a tener dudas sobre su certeza inicial, y decide visitar a su amigo Salar (Georges Hashemzadeh) para que disipe las dudas, es decir, verifique que el tipo es el culpable de sus pesadillas. Salar se rehúsa a ayudarlo ¿Qué ganarían en caso de que fuera compinche del régimen? Aunque finalmente acepta enviarlo con otra víctima más, que quizá si pueda ayudarlo, así que Vahid se embarca en una road movie donde va sumando personajes, todos ellos víctimas de la dictadura iraní, y que fueron víctimas del "pata de palo", a Vahid se suma la sensata fotógrafa Shiva (Mariam Afshari), la desquiciada novia a punto de casarse que se estaba tomando las fotos, Golrokh (Hadis Pakbaten), el novio que llego de a gratis (Afssaneh Najmabadi) con familia ayudada por el gobierno, y el perdedor Hamid (Mohamad Ali Elyasmehr), que esta lleno de furia y resentimiento contra todos y todo, y que prefiere encargarse primero del asunto, y averiguar después.
Es así, que este pintoresco grupo viaja por todo Teherán en busca de la verdad, de la confirmación de sus sospechas, al tiempo que debaten sobre los dilemas morales de lo que están haciendo, o pensando hacer, al tiempo que conviven, se conocen, y se reconocen, después de todo se pueden ver reflejado en el otro, en parte porque son victimas, pero principalmente debido a que son supervivientes y están llenos de dolor. Estamos ante un thriller ejecutado a la perfección, ya que en todo momento existe el peligro de que descubran qué tienen un cuerpo atrapado en la vagoneta de Vahid, con todo y logrados momentos de suspenso, pero Panahí es mucho más inteligente que eso, al mismo tiempo que eso, viajamos en una road movie por Teherán y sus alrededores, en una comedia negrísima qué no deja títere con cabeza, y que juega con la comedia absurda sin pasar la delgada raya del realismo.
Logrando entregar momentos hilarantes, como cuando empujan la camioneta sin gasolina, incluidos los novios vestidos para la boda, los gritos inagotables de Hamid, y esos instantes folclóricos donde tienen que soltar dinero, sean unos músicos encimosos, unos guardias corruptos qué cargan con terminal, un despachador de gasolina sonriente, y hasta unas enfermeras qué esperan propina, en esos instantes sentí todo muy cercano a México. He de añadir que es impresionante como Panahí cambia, se mueve y muta entre géneros con una facilidad indescriptible, del humor absurdo al thriller, del drama al suspenso, de cine político al humor negro, de la road movie al drama personal, dejando que en todo momento la cinta respire Esto gracias a las largas tomas qué permiten que los personajes hablen, dialoguen, debatan, argumenten y peleen por sus diferencias, incluso con sospechas entre ellos, con tomas estáticas de forma inteligente a ciertos personajes fuera del encuadre.
Momentos cerrados de tal manera que nos obliga a poner atención a los personajes, con encuadres hermosos, que logran algunos fotogramas de una belleza extraordinaria a pesar de lo sórdida que es la historia de la que somos testigos, usando los colores y los encuadres para mostrar justo lo que desea, los puntos claves de su historia, como ejemplo esa escena climática donde queda fuera de foco justo lo necesario para hacer más poderoso el momento, y por supuesto esos dilemas morales qué traspasan la pantalla para volverse nuestros, ya que ¿la venganza es justicia? ¿Es justicia torturar a un torturador? ¿Se puede ejercer justicia ante la más mínima duda? Y si para obtener justicia es válido convertirse en aquello que se odia, por supuesto que Panahi no da respuesta, como buen director solo hace preguntas, las deja en el aire, para que maduren en nosotros.
Aunque al parecer él ya optó por un camino, aunque no nos lo imponga, el de la humanidad por sobre todas las cosas, el de dar importancia a seguir siendo humanos, a la resiliencia, la importancia de la familia, la fe en la humanidad, la empatía, y el perdón, a pesar de que no se merezca, pero ello no significa que rehúya el enfrentamiento, como muestra ese doloroso climax donde el secuestrado pasa por todas las fases, el reto, la negación, la ira, la desesperación, la manipulación, la aceptación, la idea de la justicia o el error recompensado en el cielo, el arrepentimiento, y por último, el índice de culpabilidad con la banalidad de la maldad, todo esto mostrado de forma fascinante, que solo crece más en ese plano final abierto resuelto de forma sonora, y que significa muchas cosas a la vez - trauma, venganza, persecución, poder, perdón, agradecimiento, miedo, dolor - de manera sublime, ahora si que con perdón de repetirme, Panahi entrega cine de primer nivel.
Calificación: Sobresaliente








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