"AMELIE Y LOS SECRETOS DE LA LLUVIA" ("AMÉLIE ET LA MÉTAPHYSIQUE DES TUBES", FRANCIA - BELGICA, 2025) DE LIANE-CHO HAN JIN KUANG Y MAÏLYS VALLADE
"Al principio, no había nada. Nada, excepto Dios. ¿Desde cuando existe Dios? Nadie es lo suficientemente mayor para saberlo, los alrededores de Dios no estaban exactamente abarrotados, lo cual estaba bien, ya que Dios no miraba nada y no queríanada. A Dios no le interesaba nada, ni siquiera ser Dios le emocionaba, podemos pensar en Dios como un... tubo, si, un tubo, te explicare porque", con estas curiosas palabras declamadas por la Amelie del titulo (voz de Loïse Charpentier) es como inicia esta hermosa y fascinante cinta animada, que cuenta de manera excepcional una etapa de la vida de una persona, específicamente la inicial, esa que solo recordamos en trazos y con las palabras de los que la vivieron siendo mayores, pero con algunas postales en mente que perduraran hasta el fin de nuestros días, pero seguramente resuenen por la eternidad.
Anote que son unas curiosas palabras debido a que, puestas así, fuera de contexto, se sienten extrañas, por lo menos esto me sucedió a mi, no podía ser que estuviera viendo la historia de una niña que es Dios encarnado, pero ella se nombrada así a si misma, describiéndose como un desinteresado tubo que digiere y evacua lo que toma, hasta su nacimiento, donde nos explica que los ojos son espectadores, y además muestran vida, justo ahí entendí que estaba ante una cinta cargada de simbolismos y metáforas, una decisión exquisita para mostrar como vería el mundo un pequeño bebe, que todavía no tiene la madurez para entender el mundo como lo conocemos los mayores, pero que si entiende su propio mundo, uno que ya aprendimos a olvidar, así que vemos a Amélie desde que nace, y es un bebe que acepta todo con facilidad, llegar a una familia con padres amorosos y dos hermanos mayores, es imperturbable, nada le interesa, pero todos están interesados en ella.
Esperan que haga su primer gesto, diga sus primeras palabras, realice su primer acción, y lo intenta al hablar lo que tiene en su mente, pero no puede más que balbucear sonido, por lo que entra en la edad inaguantable, hasta que llega la abuela con un chocolate celestial, y más importante aun, la nota, es así que Amélie comienza a percibir y disfrutar el mundo, convivir con su familia, demostrarles sus sentimientos, conocer a su niñera-criada Nishio (voz de Victoria Grosbois) con quien tendrá una relación tan cercana que terminara siendo tan hermosa como dolorosa, y descubriendo el mundo con todas las maravillas que puede regalar. Todo esto con una animación hermosa llena de colores brillantes, que no rehúyen el uso de los colores pastel, sino que por el contrario los presumen con la seguridad de que el mundo es hermoso, por más que intentemos negarlo.
Los trazos son fluidos y gruesos, que al mismo tiempo se desvanecen en los contornos, y no temen jugar con lo que puede otorgar la animación, con mucha imaginación y surrealismo, de tal manera que lo que vemos es la percepción del mundo que tiene la pequeña Amélie, con la naturaleza floreciendo a voluntad, con ella siendo la reina de este mundo, incluso abriendo el mar cuando lo requiere, es un mundo lleno de significados que solo pueden entenderse si nos ponemos en los zapatos de un niño pequeño, y específicamente en la protagonista, una que cobro consciencia del mundo el 13 de agosto de 1969, en Japón, un país en reconstrucción que todavía lamia sus heridas de la segunda guerra mundial, y veía con recelo a estos extranjeros haciendo trabajo político en su país, pero que con dos años tenia en su inocencia tener su "aspiradora" como su primer palabra.
Apunte en el inicio que todo es muy simbólico, y por ello la pequeña se pensaba como Dios, después de todo la contemplaban y hacían todo por ella, pendiente de sus acciones y pensamientos, una equivocación normal en un pequeño con reminiscencias de lo sagrado. Y así acompañamos a Amélie por las despedidas, los primero temores, el descubrimiento de sus sentimientos, de las estaciones con la naturaleza del planeta, y al mismo tiempo la aversión de otras personas, los celos, las burlas humorísticas, la lluvia que hace juego con su nombre, la vida, la muerte, el pasado tortuoso, que sus padres también pueden quebrarse, y cada pequeño pero grandioso momento de la vida, porque si hay algo que se le aplaude a esta cinta, es la capacidad de maravillarnos con cada cosa, con cada descubrimiento, y maravillarnos por ello, aunque en la actualidad hayamos perdidos esa bella capacidad.
Todo esto con reminiscencias al cine animado japones, no solo por el estilo de dibujo, con ojos grandes expresivos, sino por ese simbolismo juguetón, un realismo mágico nipón, con los valores familiares, del amor, respeto a la naturaleza, y del pasado que tanto repiten, y que ven ecos en esta historia biográfica de la escritora belga Amélie Nothomb, que realizo una brillante obra sobre su amor por eso, "soy japonesa" suelta la niña indignada en una escena clave, la música de Mari Fukuhara ayuda mucho en la ambientación, y es hermosa. De hecho no puede describirse la poesía que presume esta cinta en su poca más de hora de duración, lo que si puedo añadir es que es una obra de amor de Amélie a su pasado y vida, al mundo mismo, y las directoras primerizas lo captan a la perfección, de tal manera que en la parte final, desde la playa, no podía soportar las lagrimas, no solo porque es triste y sentimental, sino que sobre todo porque es hermoso y optimista, atesorando cada recuerdo vivido, ver y sentir todo, dar todo el amor que pueda con los ojos bien abiertos, porque como entiende Amélie, no es Dios, y es mucho mas agradable así.
Calificación: Excelente













































