Phillip Vanderploeg (un encantador Brendan Fraser) es un norteamericano que lleva siete años viviendo en el Japón contemporáneo, es un actor que fue para allá a probar suerte, e hizo un popular comercial de pasta de dientes que resulta hilarante, pero ahora batalla todos los días sin lograr sus sueños de fama, obligado a tomar el trabajo que caiga, aunque sea el de árbol en alguna producción- Esta en espera de su gran oportunidad con el casting que hace iniciando la cinta, y no cabe duda que es un hombre solitario, no tiene amistades, conocidos ni familia, y se la pasa solo tristeando por la vida con los únicos momentos de felicidad por las noches, cuando puede espiar a los vecinos de los departamentos de enfrente, algunos tienen compañía y amor compartido, otros están solos como él, pero nadie tanto como para mirar a través de la ventana a cenando a oscuras.
En medio de esta vida le llaman para un trabajo sencillo y bien pagado, el tipo acepta sin saber bien a bien de que se trata, por lo que se lleva una gran sorpresa cuando llega a un velorio donde debe actuar como extranjero triste - justo lo que es en su vida real - para el muertito de la caja que no esta nada cerca de estirar la pata, en realidad todo es una puesta en escena para que el sujeto se convenza de que la gente lo ama y su vida tiene valía, todo esto ofrecido por la empresa "familia en renta", que se dedica a enviar actores que suplan, ayuden o engañen a las personas que los contratan y sus allegados, una premisa harto extraña pero que investigando un poco existe desde los ochenta en el triste Japón moderno. A Phillip le ofrecen chamba pero él no ve ético engañar a las personas o hacerse pasar por alguien mas, al final tendrá que doblar las manos ya que no tiene más trabajos.
Así el tipo toma todos los papeles de extranjero, el "gaijin" de la empresa liderada por el ambicioso Shinji Tada (Takehiro Hira), y complementada por la seria Aiko (Mari Yamamoto) y el nervioso Kota (Kimura Bun), aunque al inicio, el güero no estaba convencido del trabajo, al grado de querer abandonar su primer papel grande, termina genuinamente conmovido por lo que este trabajo puede lograr en las personas, ya que en su primer chamba como el esposo extranjero de una hija lesbiana que desea fugarse del país con su amante, causa que los padres estén orgullosos y felices a pesar de vivir una mentira, pero para Phillip es suficiente, entonces pasa tiempo con un solitario tipo de pocas palabras que le paga para jugar video juegos, se hace pasar por un periodista para entrevistar a un actor retirado con problemas de alzheimer (el prolífico Akira Emoto) que teme que lo olviden, y hace de papá reaparecido para la pequeña arisca Mía (Shannon Mahina Gorman) que necesita a ambos padres para ingresar a una prestigiosa escuela.
Lo que sigue no es complicado de adivinar, Phillip empieza a hacer migas con las personas aunque sabe que no debe hacerlo, se involucra con ellos, se hace amigo de los dos adultos, ayuda a uno con un deseo que le costará caro, y se encariña muchísimo con Mia ya que es la oportunidad de ser el padre que nunca tuvo y evitar que la niña crezca como él, pero aunque resulte obvio, Hikari nunca toma el camino sencillo, su dirección es sosegada, nunca dramatiza ni hace aspavientos, y eso ayuda a que los actores brillen con un guion escrito por la misma directora que los hace humanos, con un Fraser que regala una frágil humanidad que derrite mientras lo vemos, esta esplendido como ese bonachón triste que recupera su capacidad de asombro y al fe en la humanidad, y que por el camino va aprendiendo, no solo a ser padre, sino a ser amigo, humano y amarse a si mismo como deja claro esa postal final.
Además la historia abre el debate ¿es válido vivir una mentira si eso hace feliz a una persona? ¿O ello es inadmisible ya que forma parte de un engaño que al final puede ser descubierto? No nos deja respuestas fáciles, pero si toma posturas sobre cuales si y cuales no criticando a ese "servicio de disculpas", y tocando al mismo tiempo temas complejos del mundo actual, no solo en una sociedad tan cerrada como la japonesa, al final estamos tan solos, nos queremos tan poco y somos incapaces de comunicarnos para necesitar un servicio de esta índole, que por mas bonito que parezca no deja de ser triste, quizá no se necesitará si todos fuéramos un poco mas como el amable Phillip y menos como el jefe aun mas solitario, que por supuesto también aprenderá para redimirse, al final es una cinta amable, pero le deja a uno un nudo en la garganta y una sensación de fe en la humanidad tan linda que uno no puede pensar en otra forma de hacerla.
Calificación: Bastante Bien

















































