Otra nominada más, esta vez en corto ficción, y esta vez si vale la pena, cuenta la historia de una extravagante pareja de amigos formada por una anciana y un jovencito, todo empieza con un abogado leyendo el testamento de Dorothy (encantadora Míriam Margolyes) mientras tiene a dos personas enfrente, por un lado el pedante Scott (Oscar Lloyd) quien es nieto de la fallecida, y no para de preguntar lo mismo que el joven negro a su lado (Alistair Nwachukwu) ¿qué demonios hace él que ni es familiar ahí? A lo que el abogado contesta leyendo el testamento, hace unos meses Dorothy estaba tan sola como de costumbre, preparando te, escuchando la radio, y fracasando al intentar abrir la lata de ciruelas qué necesita para poner en marcha el intestino a sus 87 años, de pronto alguien toca el timbre, es JJ, buscando el balón de fútbol qué quizá cayó en patio, cuando lo invitan a pasar queda fascinado por la colección de libros sobre obras de teatro de la vieja, esta lo nota, y empieza a hacer migas con el chico.
Resulta que hace teatro, y aunque lo ve como un hobby debido a que sus padres quieren que sea futbolista como su hermano, Dorothy nota de inmediato que nació para esto y lo empuja, se hacen cercanos y todos los días JJ la visita, la ayuda con las latas, y puede ser él mismo con ella, lo que se nota en la mejor escena del cortometraje, donde ambos abren su corazón uno al otro sin nada más que amistad de por medio, uno sentimental pero funcional, para luego dar paso a ese final cínico y juguetón, donde sucede algo distinto a lo podríamos pensar, y que sirve además como crítica del abandono de las personas mayores aun siendo familiares, de como ya solo importa el dinero sin nada de humanidad, pero con un dejo de esperanza, es cierto, es demasiado cursi y facilón, pero deja un sabor dulce necesario para una tarde agradable.
Calificación: Competente


No hay comentarios:
Publicar un comentario