La suspensión de la incredulidad es algo común en el cine, después de todo vemos mundos fantásticos y exageraciones varias, pero todo tiene un limite, principalmente tienen que ver con el respeto a las reglas autoimpuestas y al mundo presentado, si se rompe la lógica de manera constante y excesiva uno ya no puede dejar pasar esos detalles, y se los toma aun a peor, la mayoría de las veces es por mala escritura o por lagunas que se no se tomaron en cuenta, quizá un exceso de conveniencias argumentales, y los consabidos males de plot armor y demás, pero lo que nos hace aquí Shyamalan rebasan todo eso, es como si el tipo nos robara el dinero de la entrada para los que pagaron por ella, nos arrebata el tiempo de vida a los que la visionamos en casa, y nos escupiera a la cara a todos mientras se ríe, por la estupidez que escribió y filmo con tanto cinismo.
Y es que la cantidad de conveniencias, coincidencias, lagunas, agujeros, y traiciones a la lógica son tantas que uno pasa de la decepción de a la incomodidad, para luego pasar al hartazgo y finalmente el enojo por la desfachatez del tipo, que filmo y nos vendió una película que solo existe para servir como publicidad para la carrera de su hija cantante y de paso seguir con esa terquedad de querer hacer sorpresas en cada filme que hace, ya ni vueltas de tuerca, porque hace rato no llegan a tanto, solo intentos de sorpresas que en cualquier otro filme se toman con normalidad, pero que aquí se esperan como agua de mayo porque claro, es una cinta del director de "Sexto Sentido", y siempre se espera eso de él tanto para bien como para mal, y aunque siempre he defendido al director, buscando sus virtudes en lugar de lo malo, cada vez es mas difícil hacerlo, no solo por la baja calidad de lo que entrega, sino porque ha caído en un nepotismo grosero.
Primero con "The Watchers" dirigida por su otra hija, pero anunciada con su nombre, y en esta película, donde nos chutamos el concierto completo de su otra hija cantante, nomas porque si, porque quiere y puede, y para colmo de males, la hace protagonista cuando la chica actúa horrible. La premisa no es mala, un padre de familia perfecto, hombre amable y sensato, lleva a su hija al concierto de su cantante favorita en buenos lugares, pero nota que hay muchos policías, no pasa mucho para que sepamos que buscan, a un asesino serial conocido como el carnicero, y que el guapetón Cooper (Josh Harnett cargando la cinta) es este desquiciado, a partir de este momento intenta idear como escapar de la trampa que le tendieron, que si salir por la azotea, crear una distr5accion, escapar por un hoyo subterráneo, y hasta hacer que su hija Riley (Ariel Donoghue) suba al escenario para irse con la cantante, ¿el problema de esto? que nada tiene sentido.
Se dice que la policía no tiene idea de como es el asesino, algo conveniente para que Cooper ronde a sus anchas por entre sus líneas, pero de3spues resulta que si saben como es, hasta conocen un tatuaje pequeño que tiene en la muñeca porque una cámara lo grabo ¿entonces si saben o no saben? esto se maneja a conveniencia del guión, el tipo hace lo que quiere y a nadie se le hace raro, todo esta vigilado y grabado, y casualmente nadie nota que aventó a alguien o causo una explosión, y todos a excepción de él parecen subnormales, solo ocupa preguntar algo y sueltan todo, o los convence de sus deseos en dos palabras, por lo que se siente que su plot armor es hasta grosero, y cuando por fin escape pasamos a algo peor, donde la hija del Shyamalan, Saleka, se hace superheroína en un final de pena ajena, que da paso a otroooo final donde nada tiene sentido, y ni aceptando ya lo que sea, puede uno soportar tan mala escritura, una lastima, porque Hartnett esta espectacular con esa dualidad de esconder su verdadero yo, por supuesto, la verdadera trampa es vender este comercial musical nepotista como película.
Calificación: Churrito




No hay comentarios:
Publicar un comentario