El más reciente filme de Pablos empieza con un joven vestido de forma rocambolesca siendo bañado en gasolina, para dar paso a este mismo teniendo relaciones sexuales en el interior de la cabina de un tráiler con un viejo trailero apodado "el Eulas" (Mariano López Sosa) que lo deja tirado a la primeras de cambio en un restaurante con cuenta pendiente, entonces el jovencito que se hace llamar "Veneno" (el debutante Victor Prieto Simental, muy bien) le pide a otro trailero que le de raite, se topa con Eduardo "El Muñeco" (Osvaldo Sanchez), un chofer que tiene serios problemas con los vicios, sean drogas, alcohol o mujeres como el mismo confiesa (algo que aparentemente casi todos los traileros tienen en común), justo esto es lo que convence de llevarlo a Saltillo, ya que "Veneno" tiene una mochila llena de droga - ¡de la buena! - a la que no puede hacerle el feo, y menos si consigue ser socio al ayudar a venderla.
Ya en camino El Muñeco le dice a Veneno que se nota que es puñal, pero que no tiene pedo con eso mientras no intente nada, a lo que el joven contesta que muchos de los traileros que conoce si le entran, algo que Eduardo acepta sin rechistar, "conozco varios que se van a tomar de putas y terminan dándose unos a otros pero no lo entiendo" comenta campantemente, así que vemos una especia de road movie donde la extraña pareja de compañeras viaja por la carretera conociéndose, platicando sobre su vida, "El Muñeco" tiene esposa e hijos pero no lo dejan verlos por sus vicios, el "Veneno" escapo de algo y por ello trae la mercancía paseando y debe llegar cuando antes a su destino, y al mismo tiempo el joven descubre ese extremo mundo de choferes donde orinan en una botella manejando, limpian ellos mismos su unidad, llegan a todos lados a comer, duran una semana entera sin dormir, tienen alucinaciones, se drogan, cogen en todos lados cada que pueden con quien puedan y se quitan los "piojos" con Diesel.
Por supuesto la línea principal es la de los dos hombres compartiendo, platicando y conociéndose, después de todo a ambos les conviene este equipo, pero también es cierto que por más que el muñeco platique de su familia no se le nota mayor interés en ellos, y "Veneno" por fin conoció a un trailero que no solo lo usa y desecha de una, queda claro conforme avanzamos que la relación escala más allá de la amistad y el compañerismo, cubriéndose cosas, confesándose entre ellos, y finalmente aceptando sus sentimientos, al mismo tiempo tenemos también los flashbacks del joven donde conocemos sus traumas y temores, el porque esta huyendo y su identidad como prostituto de un poderoso empresario maquilero que tenia un sequito de jovencitos a los que trata como príncipes aunque en realidad son sus esclavos, ya que son su "propiedad", y si se salen del corral, ay de ellos.
Así que a la relación cada vez más cercana de los protagonistas se suma una trama noir de delincuentes peligrosos acechándolos, con la policía detrás de ellos, y hasta dolorosos recuerdos surrealistas queer en ensoñaciones, nunca deja de ser interesante, y la trama va escalando en intensidad hasta llegar a los extremos que ya hemos visto en un país tomado por la delincuencia donde los narcos son empresarios y viceversa, además el apunte de los traileros machos y rudos es valiente, después de todo ellos se ven como hombres hechos y derechos, "cogerse a un jotito" no les quita hombría, por el contrario, les da más en ese extraño mundo donde consumen y están con quien puedan, a final de cuentas Eduardo no es un trailero convencional, el pudo tener una afinidad más grande y real con "Veneno", por ello aunque el tramo final pareciera decantarse por el miseralismo extremo de esta violencia, en realidad opta por un final lleno de amor, casi cursi, pero esperanzador.
Calificación: Muy Bien




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