"Prometeo le robo el fuego a los dioses y se lo dio a los hombres, por ello, fue encadenado a una roca y torturado por toda la eternidad", con esta declaración inicia esta epopeya, que aunque pertenece al género biografía, más bien es un estudio de personaje, uno bastante complejo, para Nolan, J. Robert Oppenheimer es el Prometeo moderno, como los mismos autores de la biografía en quese basa ésta cinta, pero cuando termine de verla pensé que el contradictorio científico, era más parecido a Tiresias, castigado con la ceguera de ver el presente, condenando a ver un trágico futuro imposible de detenerse, y justo esto es lo más interesante de la cinta, una ventana a la vida de un hombre completamente contradictorio, tan lleno de defectos como de virtudes, y que cometió el gran logro de ser el primero en darnos la bomba atómica, y al mismo tiempo el grandísimo pecado de poner sobre nuestras cabezas la espalda de Damocles.
Empezamos con un juicio privado a Oppenheimer (Cillian Murphy en estado de gracia), aunque se supone que no lo es, para después brincar a su pasado en un flashback qué después resulta ser el verdadero presente o tronco de la historia, y movernos hacia finales de los cincuenta cuando el renombrado burócrata y vendedor de zapatos Lewis Strauss (Downey Jr. recordando como se actúa) intenta ser ratificado en el equipo del presidente Eisenhower, estas líneas temporales se irán alternando una con otra, sin seguir una lógica lineal en el tiempo, por lo que terminan siendo piezas de rompecabezas qué uno va armando poco a poco, pero siempre dándonos lo necesario para no perdernos, Nolan confía en el respetable, y uno en realidad siente satisfacción al unirlos, ya que no solo arma la historia sino que desvela los misterios y enigmas de la misma, es decir, confía en nuestra inteligencia y astucia.
Lo que vemos, es a Oppenheimer ser pionero en la física cuántica en Estados Unidos, sus coqueteos con el comunismo y su amor por una frágil e inestable mujer (Florence Pugh), el inicio de la guerra y la competencia armamentista, donde él, será pieza clave como líder del proyecto manhattan, reclutado por el hábil general Groves (Matt Damon) y empujado por su alcohólica esposa Kitty (Emily Blunt), así que Robert como el Cobb de "Inception" recluta a los mejores científicos para ganar esa carrera y con eso supuestamente la guerra, mientras en otra línea temporal es llevado al matadero por su pasado, y en el de Lewis este recuerda los defectos y virtudes del egocéntrico científico qué odiaba las matemáticas pero amaba el reconocimiento, al tiempo que enfrenta un escrutinio publico.
Técnicamente la cinta es una maravilla, la manera en que filma Nolan, con esos encuadres y los 70 mm hacen que todo se vea hermoso y resplandeciente, el diseño sonoro es aun mejor, hasta el más mínimo crujido es crucial, la edición logran darle fuerza y tensión al relato, y la narrativa consigue que en todo momento mantengamos el interés, de hecho tanto lo visual como lo sonoro nacen de la mente del científico, por lo que vemos y vivimos su atormentada cabeza, la de un tipo repleto de defectos; es egocéntrico, mujeriego, cínico, hipócrita, mentiroso, hablador, grosero, traicionero, aprovechado y todo lo que se junte en la semana, pero también increíblemente brillante, dedicado y tenaz, por lo que uno sabe que logrará su cometido, y querrá verla en funcionamiento, solo para alimentar su ego, aunque eso se lleve miles de vidas humanas.
Y aun así, lo mejor de la cinta son esos momentos donde Robert por fin demuestra conciencia, sus alucinaciones, sueños y pesadillas con el fin del mundo, con esa majestuosa escena de la celebración de muerte donde no está ahí mentalmente, donde mira a las personas derritiéndose, sufriendo, destrozadas, y una luz cubre todo el lugar, por lo menos en su mente, o esa tensa escena de la prueba de la bomba que puede ser el punto álgido para algunos espectadores, ese diálogo con un colega que le dice que los ocupan a pesar de sus ideas y le contestan con un tajante "hasta que ya no", que a la postre predeciría la persecución de muchos de ellos, las apariciones de Einstein (Tom Conti, bien), el suspenso cortante del momento con el sabueso Pash (Casey Affleck, espectacular) lo acorrala, o esa encabronante escena donde deciden donde tirar las bombas - "elimine Kioto, porque fui de luna de miel ahí" - comenta un imbécil con poder.
Para cuando llegamos al final de la cinta, con un Oppenheimer profundamente arrepentido y con la carga de ser la muerte, uno ya está inmerso en la historia, enojado con el mismo protagonista y aún más con los ambiciosos políticos qué solo desean más poder, como el payaso Truman interpretado por Gary Oldman, y que ahora persiguen y castigan a quien desean, para llegar a esa parte final climática, donde los dos juicios llegan a su clímax con ese montaje de Nolan y la música incesante que no deja respirar para cerrar con el ego de un político incapaz de pensar algo fuera de sí mismo, y una confesión del asesino Oppenheimer a Einstein, una que deja claro que la reacción en cadena de los cálculos si se dio, no como pensaban, pero es inminente, innegable e indetenible, y que la miraba en su mente en todo momento, pero que otros más desgraciadamente vivirán, mientras la mirada - impresionante de Murphy - y la mente de nuestro protagonista se resquebrajan viendo ese futuro imposible de detener que el ocasiono, y frente a lo que solo puede cerrar los ojos con horror y miedo.
Calificación: Excelente




















































